domingo, 5 de julio de 2009

EL HEROE DE LA PATRIA III




LA LLEGADA A SIUNA

Enrumbamos hacia el mineral de Siuna, por un camino pedregoso lleno de baches.

Oscureció; y poco a poco se fueron apagando las voces dentro del bus y el traqueteo de la carrocería alternaba con los ronquidos de uno o dos pasajeros.

Unos niños hurgaban con avidez una bolsa de confites aprovechando el sueño de sus madres.

Cerré el único ojo que tenía y abrí mis oídos.

Un militar nunca puede descuidarse; debe controlar los ruidos y los silencios de la noche.

Me sumí en mis pensamientos; recuerdo cuando llegaron los políticos del Frente a la Escuela San Martín para arengarnos con discursos antimperialistas y conminarnos a que nos integráramos a las tropas del Ministerio del Interior; prometían buena paga, ropa y calzado y un futuro de gloria al servicio de la patria.

Recuerdo que nos integramos 15, todos campesinos; estudiantes que abandonamos la cartilla para ir a la guerra.

Yo venía de Coperna; una cooperativa agraria sandinista ubicada a unos 40 kilómetros de Siuna en dirección al Mineral Rosita.

No tuve ni tiempo de despedirme de mi familia; mandé aviso con uno de mis amigos.

Me acuerdo que firmamos por seis meses y después el Ejército nos reclutó voluntariamente; ninguno de nosotros andaba obligado como otros.

Mi mujer estaba embarazada de mi hijo cumiche.

¿Como será? ¿Se parecerá a su papa?

Entramos a Siuna temprano en la mañana.

Dionisio se había dormido toda el camino y se quejaba de lo entumido que andaba.

El bus estacionó en la única gasolinera que había y buscamos donde desayunar.

Había movimiento de tropas; al parecer la "contra" andaba cerca. Se escucharon algunos disparos de ak en la lejanía.

Me encontré con uno de los políticos que me había reclutado e hizo como que no me había visto.

Un ligero ademán y continuó su camino en una prisa justificada por su vergüenza.

No tenía por qué sentirse mal; así era la guerra. Nadie gana.

Entramos en el Comedor de Estolano y pedimos un desayuno siuneño; gallo pinto; huevos fritos; mortadela; cuajada; tortillas de harina recién hechas; jugo de naranja y un buen café negro.

Nos sentamos a la orilla de la puerta para controlar la salida del bus; no podía quedarme en Siuna; tenía que llegar a mi casa.

No había terminado de acomodarme cuando entraron unos jóvenes y se pusieron a reír de mi desgracia.

Me agarraron asoleado y los traté; les dije que ellos no sabían quien era yo; el Teniente López; Héroe de la Patria y les enseñé con mi única mano mi medalla.

Uno de ellos; la mas jovencita me quedó viendo con sus profundos ojos negros y me dijo:

"Esa es su guerra señor; no la mía."

Me sirvieron el desayuno y ya no tuve ganas de comer.

(Continuará)



Homero.