domingo, 5 de julio de 2009

EL HEROE DE LA PATRIA II


LOS HÉROES TAMBIÉN VIAJAN EN BUS.

Subí con cierta dificultad por las gradas del bus.

Las muletas no me dejaban subir por lo estrecho del espacio.

Alguien quiso ayudarme y rechacé la ayuda; soy un militar que puedo valerme solo.

Cuando logré superar las escalinatas; todo el mundo dejó de hacer lo que estaba haciendo.

Se hizo un silencio cargado de miradas de lástima y de admiración.

Mi medalla brillaba como un sol en mi pecho; al menos así lo sentía.

¿Había valido la pena?

Pienso que sí; los que peleamos por la patria sentimos de alguna manera que la sociedad nos debe algo; al menos un reconocimiento por nuestro sacrificio.

Para no ponerme en evidencia ante tantos "civiles" me senté en el primer asiento en la fila derecha del bus; justo detrás de la entrada principal; había un poco mas de espacio y podía acomodar mejor mis muletas y la mochila militar donde llevaba mis pocas pertenencias.

Escuché los murmullos de la gente; pero no le hice caso, era un Héroe de la Patria ¿Qué daño me podían hacer?

No habíamos avanzado mucho tiempo cuando se sentó a mi lado un señor un poco mas mayor que yo; tal vez de unos 35 años y me comenzó a hacer plática.

Al principio no le puse mente; no quería hablar de la muerte de mis compañeros y de como había quedado desgraciado para toda la vida.

El bus paró en Tipitapa; el municipio mas cercano a Managua y una avalancha de vendedores; niños, hombres, mujeres y ancianos se lanzaron encima de las ventanas para ofrecer sus productos.

"Agua helada...agua helada... el fresco, el fresco, el fresco; van las enchiladas, las pupusas, la rosquillas, va querer marchantillaa.."

Un colorido de pregones; mezcla de productos, sudores y calores.

Puufff... estaba acalorado; compré unas rosquillas somoteñas y un fresco de cacao con leche.

Me sofocaba ver tanta gente vendiendo y gritando.

No estaba acostumbrado a los ruidos de la ciudad.

Después de comerme las rosquillas y beberme el freso; cerré el único ojo que tenía y me tiré un "peloncito".

No quería hablar con nadie; solo quería llegar rápido a mi casa; abrazar a mis hijos y a mi mujer.

Las bocinas de los camiones y buses me despertaron; estábamos en la gasolinera principal de Río Blanco; un pueblo blanco norteño enclavado en la montañas de Matagalpa.

El chofer resopló del calor que le daba la máquina del bus; sacó una toallita de mano de la bolsa de su pantalón y se secó a manotazos el sudor de su cara y cuello.

La toallita desde hace mucho tiempo había perdido su color; estaba totalmente mugre.

No me importó en absoluto; en la guerra hemos andado sin bañarnos por semanas enteras y ya no sentimos el tufo entre nosotros es como si quedara sellado el olfato.

"Señores pasajeros tienen una hora para comer"__ anunció el ayudante del bus.

Bajé del bus un poco mas rápido de como me había subido.

Tenía entumida la pierna.

Miré a un lado y a otro sin poder decidir a qué lugar dirigirme.

Yo solo había estado de paso por ese pueblo de hermosas mujeres blancas; una vez que pasamos en unos camiones del ejército cuando iba con mis tropas a la montaña.

"Disculpe Teniente"__ me habían tocado el hombro suavemente; empuñé rápidamente mi pistola "TT"escondida en la cadera derecha de mi pantalón.

Tranquilo héroe; solo lo vengo a invitar a una cerveza.

Era nuevamente mi acompañante hablador.- Me tendió la mano

"Mucho gusto"._ Me llamo Dionisio.

"Teniente López"__ le dije a secas.

Asentí con la cabeza y nos metimos a una comidería bar cruzando la calle; desde allí podíamos controlar el bus.

Comenzamos a beber; una, dos, tres, ya no me acuerdo cuantas cervezas me bebí.

El bus se había atrasado mas de la cuenta por un desperfecto mecánico y estuvimos bebiendo mas de 3 horas.

Era mi primera borrachera después de 6 meses de estar en ese hospital entre la vida y la muerte.

El bus tocó nuevamente la bocina anunciando su partida.

Me incorporé con mucha dificultad; ya me había quitado la camisa militar; la medalla y mis grados.

Ya no me importaba nada parecerme a cualquier soldado que andaba de "pase"

Era un lisiado de mierda; jodido no solo por una mina si no por una sociedad que le importaba un "bledo" mi desdicha.

Dionisio pagó la cuenta y me ayudó a montarme al bus; ya tampoco me importaba eso.

Mi orgullo se había quedado en esa cantina.

(Continuará)

Homero.