lunes, 29 de septiembre de 2008

EL ROBO


"Bueno señores; eso es todo".

Había finalizado la reunión de docentes de la universidad.

Después de tantos años nos habían aprobado un salario para podernos jubilar dignamente y pasar el resto de nuestros días en la Residencia Universitaria.

No se por qué habían escogido ese lugar; aunque era aún temprano, las seis pasado de la tarde, se miraba todo oscuro.

Unos niños jugaban en la calle; chapoteando los charcos y enlodando sus vestimentas escasas en su cuerpo.

Los perros rebuscaban sobras en los basureros y algunas personas caminaban apresuradas hacia su casa llevando sus comestibles para la cena; venían de fiar
en las pulperías del barrio.

Volví a ver rápidamente de lado a lado la calle y no ví mi motocicleta que recién había terminado de pagar con el bono que me habían dado después de treinta años de magisterio.

Me inquieté un poco; dos profesores me distrajeron en la puerta del establecimiento haciéndome algunas preguntas sobre el convenio con la universidad.

Volví a buscar mi motocicleta y no la miré; eso me preocupó y después de disculparme con ellos salí rápidamente a la calle y me dirigí al predio contiguo donde la había dejado aparcada.

Encontré a unos agentes de polícia realizando pesquisas; miré hacia el suelo y allí estaba mi motocicleta; bueno lo que quedaba de ella; le habían quitado todo y solo habían dejado el chasis.

No pude contener el asomo en mis ojos de una lágrima de dolor ante la pérdida de mi único medio de transporte.

¿Usted es el dueño de la motocicleta? Me interpeló uno de los polícias.

Asentí con la cabeza por que en ese momento el enojo y la frustración se habían apoderado totalmente de mis canas.

Le mostré mis documentos y comenzaron a llenar formas.

Me preguntaron si había visto a algún sospechoso y les dije que no; que yo estaba en una reunión.

Me preguntaron qué tipo de reunión y les dije que estabamos analizando las diferentes variantes a utilizar para desalinizar todos los mares de Nicaragua; a los que asintieron con la cabeza y no me siguieron preguntando nada.

Un hombre gordo y grasiento que hasta el momento se había mantenido a cierta distancia viendo la labor policial se acercó con cierta prudencia y dijo:

"Yo miré a alguien"

¿A quien miró usted señor? Le pregunté con cierta premura.

Yo miré rondando a la señora Juana "La chatarrera"junto con sus hijos; la que vive en la calle sur del Cementerio Occidental.

¿Puede irnos a enseñar donde vive la señora qué dice?

Ya la Policía se había apostado detrás del misterioso testigo.

Lo tomaron de sus dos brazos y lo montaron a la patrulla.

Acompañenos profesor por si aparece su moto o lo que queda de ella; me dijo uno de los oficiales sin ocultar una sonrisa burlezca.

Ibamos hacia la parte occidental de la ciudad de Managua.

Podíamos adivinar los hoyos en la calles; algunas veces por los golpes que sufríamos dentro del vehículo al caer en ellos y otras por las bruscas maniobras de evasión superadas por el conductor inexperto.

Iba pensando si encontraríamos o no los restos de mi motocicleta.

El señor informante de vez en cuando me miraba y se sonreía; no podía descifrar su interés en todo esto; pero preferí no preguntar.

Los policías iban hablando de mujeres y guaro; total, siempre era un tema de actualidad.

Llegamos a la casa de la señora Juana; era fácil de adivinar por que tenía un gran patio lleno de metales y chatarra.

Hice el intento de bajarme y los polícias me detuvieron.

¡Quédese aquí! __ Me ordenaron

Quise protestar pero me aguanté.

El señor informante se había bajado con ellos y señalaba con sus manos la posible entrada al predio.

Sacaron sus armas y entraron rápidamente.

Me quedé a la expectativa; se escuchaban voces, murmullos, gritos de una mujer.

A los pocos minutos llegó uno de los agentes y me dijo: "Venga conmigo profesor"

Me bajé del carro con cierta dificultad y me llevaron a uno de los pasillos de la casa y allí estaban las partes de mi motocicleta; el motor, los espejos, el foco, todo.

La mujer fue detenida con dos de sus hijos; protestaba, ofendía a los policías llamándolos muertos de hambre.

Exclamaba a gritos que ellos no se habían robado nada.

Con ayuda de un policía recogí las piezas de motocicleta y nos dirigimos hacia la patrulla.

Y al montarme en el vehículo logré divisar al enigmático señor testigo que me observaba y sonreía desde la casa de Doña Juana "La chatarrera".


Homero.

5 comentarios:

Lara dijo...

¡Uf! a mí me pasa una cosa así y no sé como reaccionaría, no lo sé, de verdad.
Muuuuacks!

Maya dijo...

Será el marido de la chatarrera que anda peleado con ella y esta es su venganza. No me explico Homero que hacía frente a la casa y no se fue con ustedes.

Esther dijo...

Menos mal que estaban alli esos dos ojos para ver la escena y ver lo que pasaba y que el culpable pagara..

Un saludo

Anónimo dijo...

Una historia con un final muy curioso.

Saludos.

M.Jose dijo...

No me esperaba el final.
Me ha encantado tu relato, Homero. Aún sigo esperando el final de uno que dejaste a medio contar.
Un abrazo
MJ