Tomé su mano
entre las mías
y sentí la fuerza de su mares
el abrazo oceánico.
En un minuto cósmico
recorrí su vida y la mía
y le dije:
Abuelita
no hay nada que arrepentirse.
Qué mas amor que la madre
que se entrega
a la dureza del ambiente;
a la sociedad hostil
y llena de prejuicios
para proteger a sus hijos.
Te sacrificaste por nosotros
abuela
y aquí estamos
somos producto de tu sacrificio.
Nunca te pedimos eso
pero tu lo hiciste a sabiendas.
Velastes nuestros sueños
vencistes nuestros miedos
a la oscuridad y a los duendes.
Nos cobijaste con amor
y nos sentimos dueños del mundo.
Solo lo pensé
no pude decírselo en realidad...
no pude decírselo...
Ella me hizo el mejor regalo
antes de morir
ella me dijo que viviera...
Homero.
Mi Cuarto
Miércoles
Agosto 8, 2007.
1:43 a.m.

